¿Cómo se construye la paz cuando la violencia forma parte de la vida cotidiana? ¿Qué hacen las comunidades para convivir, protegerse y mantener abiertos espacios de confianza en territorios atravesados por el conflicto? Estas fueron algunas de las preguntas que guiaron el XXVI Foro Virtual de la Plataforma para la Construcción de Paz en México, que contó con la participación de Roger Mac Ginty, profesor de la Universidad de Durham, codirector del proyecto Everyday Peace Indicators y uno de los principales referentes internacionales en el estudio de la paz cotidiana.
Bajo el título «La paz cotidiana: construir convivencia y resistir desde abajo frente a la violencia», Mac Ginty propuso ampliar la mirada sobre la construcción de paz y prestar atención a las prácticas que tienen lugar lejos de las instituciones, las negociaciones formales y los grandes acuerdos políticos.
Para el especialista, la paz no se limita a los tratados, las declaraciones políticas o las intervenciones de actores externos. También se construye en acciones aparentemente pequeñas: poder desplazarse por el territorio, llevar a niñas y niños a la escuela, saludar a un vecino, cuidar a otras personas o encontrar formas de convivir con quienes piensan o viven de manera diferente.
La agencia de las comunidades frente a la violencia
En contextos de violencia y fragilidad, las personas desarrollan capacidades específicas para desenvolverse en entornos inciertos. Mac Ginty se refirió a ellas como «agencia táctica»: un conjunto de conocimientos y habilidades que permite interpretar el entorno, identificar riesgos, saber cuándo intervenir y cuándo guardar silencio, adaptar el comportamiento y tomar decisiones que contribuyan a evitar una escalada de la violencia.
Esta paz cotidiana puede expresarse, según explicó, en distintos grados de relación entre las personas. Desde formas básicas de socialidad, basadas en reconocer al otro y mantener un trato humano, hasta relaciones de reciprocidad, en las que se establecen acuerdos pragmáticos para poder convivir, y formas más profundas de solidaridad, que implican ponerse del lado de otras personas incluso cuando hacerlo entraña riesgos.
Estas prácticas no siempre responden a una voluntad explícita de construir paz. En muchas ocasiones son, sencillamente, estrategias para hacer posible la vida cotidiana en circunstancias adversas.
Evitar la escalada también tiene un coste
Una parte central de la reflexión estuvo dedicada a las estrategias de no-escalación. Evitar determinadas rutas, modificar los horarios, medir las palabras, conocer los códigos locales o negociar en situaciones de riesgo son prácticas que pueden contribuir a prevenir episodios de violencia y proteger a las comunidades.
Sin embargo, Mac Ginty señaló que estas estrategias también tienen costes. La necesidad de mantener una vigilancia constante puede generar un importante desgaste emocional y social y, al mismo tiempo, contribuir a normalizar determinadas formas de control y violencia.
De este modo, la ausencia de enfrentamientos abiertos no implica necesariamente la existencia de una paz justa. La estabilidad cotidiana puede convivir con desigualdades, miedo, exclusión o relaciones de poder profundamente asimétricas. La construcción de una paz más sólida requiere, por tanto, abordar también las causas estructurales de la violencia.
Las experiencias de las comunidades mexicanas
La presentación dio paso a un diálogo con integrantes de la Plataforma, que trasladaron el debate al contexto mexicano y compartieron experiencias relacionadas con el control territorial del crimen organizado, la extorsión, las restricciones a la movilidad y las denominadas «zonas de silencio».
También se abordó la idea de una «paz narca», utilizada para describir situaciones en las que determinados grupos criminales imponen formas de orden y regulación social que pueden reducir temporalmente determinados niveles de violencia, pero que se sostienen sobre relaciones de coerción y ausencia de garantías.
En este contexto, una de las cuestiones centrales planteadas durante el diálogo fue cómo fortalecer las capacidades comunitarias sin poner en riesgo a quienes trabajan por la construcción de paz.
Mac Ginty destacó la importancia de reconocer el conocimiento que ya existe en los territorios. Las comunidades conocen sus dinámicas, sus riesgos y sus posibilidades de acción, y ese conocimiento puede resultar fundamental para diseñar intervenciones que no aumenten los riesgos para la población.
También señaló el potencial de iniciativas que fortalecen el tejido social, como actividades culturales, deportivas o espacios para jóvenes, y que pueden generar vínculos y alternativas sin plantear necesariamente una confrontación directa con los actores armados.
Al mismo tiempo, la conversación puso de manifiesto que las estrategias comunitarias no pueden sustituir las responsabilidades de las instituciones. La reducción de la violencia cotidiana debe ir acompañada de justicia, rendición de cuentas y políticas capaces de enfrentar las estructuras que permiten su reproducción.
Medir la paz desde la experiencia de las comunidades
Durante el foro, Mac Ginty presentó también el trabajo de Everyday Peace Indicators (EPI), una metodología participativa que busca identificar cómo las propias comunidades reconocen y experimentan la paz.
En lugar de partir únicamente de indicadores definidos desde instituciones externas, el proyecto pregunta a las personas qué señales concretas les permiten saber que su entorno es más seguro y habitable. Poder utilizar el transporte sin miedo, caminar por las calles de noche, dejar de encontrar mensajes intimidatorios o recuperar determinados espacios públicos pueden ser, para una comunidad, indicadores mucho más significativos de un cambio en las condiciones de vida.
Este enfoque permite poner en el centro la experiencia y el conocimiento de quienes viven cotidianamente las consecuencias de la violencia, y abre nuevas posibilidades para evaluar procesos de construcción de paz desde abajo.
Hacia el encuentro presencial de Guadalajara
El XXVI Foro Virtual permitió así conectar la reflexión internacional sobre la paz cotidiana con las experiencias y desafíos de quienes trabajan por la construcción de paz en México.
Reconocer las estrategias mediante las cuales las comunidades sostienen la vida en contextos de violencia no significa renunciar a las transformaciones estructurales. Al contrario, permite comprender mejor cómo se construyen, y también cuáles son los límites de las condiciones que hacen posible la convivencia en los territorios.
Las reflexiones compartidas durante el foro tendrán continuidad en el Encuentro Presencial de la Plataforma para la Construcción de Paz en México, que se celebrará los días 26, 27 y 28 de octubre en Guadalajara, donde integrantes de la Plataforma continuarán intercambiando experiencias y herramientas para fortalecer la construcción de paz desde los territorios.